En 1975, Allen Stewart Konisberg, tenía en mente hacer su próxima película: “Tratado sobre el slapstick: no es cosa de risa”. Si todo iba bien, rodaría “Rabi-si”, biografía de un rabino que dedicó su vida a luchar contra las rinoplastias a nivel mundial. Mientras escribía el tratamiento del siguiente guión (se cree que el título era algo similar a “La paradoja del sexo oral”), tuvo una aparición divina. Nada de ángeles, nada de vírgenes, nada de santos... El mismo Dios llamó a su puerta. El señor Stewart, defraudado por comprobar que, efectivamente, nada de vírgenes, escuchó atentamente:
- Allen Stewart -dijo Dios con una voz grave de ultratumba, y con tanto reverb como toda la discografía editada en los 80 concentrada en una habitación con eco-, tengo una misión muy importante para ti.
- Escucho atentamente, Señor.
- Dentro de unos años la Tierra estallará.
- Pero si Nixon acaba de dimitir.
- El hombre acabará con el hombre. La tristeza y la falta de esperanza serán las enfermedades definitivas.
- Siempre supe que el fin del mundo tendría algo que ver con los vendedores de seguros.
- Tú debes poner remedio a ese mal antes de que ocurra. Hacer algo que ayude al mundo a ver -seguía con la voz de La Movida- que hay esperanza. Que todo vale la pena.
- ¿Pero por qué yo, Señor? ¿Por qué un judío?
- ¡He dicho!
Dios se esfumó. Allen quedó en silencio, pensativo. Tenía que escribir una película genial. Perfecta. Definitiva.
Dos años después se estrenó ANNIE HALL. Y de momento nada estalla.
NOTA: Fuentes fiables (entre ellas está el historiador, y otras muchas cosas, Marcelo Rupérez) contrastaron que tan asustado estaba de no haberlo conseguido, que luego rodó INTERIORES. Y luego MANHATTAN. Y finalmente, a partir de ese momento, decidió estrenar una película al año. Todo por si acaso...
- Allen Stewart -dijo Dios con una voz grave de ultratumba, y con tanto reverb como toda la discografía editada en los 80 concentrada en una habitación con eco-, tengo una misión muy importante para ti.
- Escucho atentamente, Señor.
- Dentro de unos años la Tierra estallará.
- Pero si Nixon acaba de dimitir.
- El hombre acabará con el hombre. La tristeza y la falta de esperanza serán las enfermedades definitivas.
- Siempre supe que el fin del mundo tendría algo que ver con los vendedores de seguros.
- Tú debes poner remedio a ese mal antes de que ocurra. Hacer algo que ayude al mundo a ver -seguía con la voz de La Movida- que hay esperanza. Que todo vale la pena.
- ¿Pero por qué yo, Señor? ¿Por qué un judío?
- ¡He dicho!
Dios se esfumó. Allen quedó en silencio, pensativo. Tenía que escribir una película genial. Perfecta. Definitiva.
Dos años después se estrenó ANNIE HALL. Y de momento nada estalla.
NOTA: Fuentes fiables (entre ellas está el historiador, y otras muchas cosas, Marcelo Rupérez) contrastaron que tan asustado estaba de no haberlo conseguido, que luego rodó INTERIORES. Y luego MANHATTAN. Y finalmente, a partir de ese momento, decidió estrenar una película al año. Todo por si acaso...
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