viernes, 14 de noviembre de 2008

Piso 4

Al sur de Checoslovaquia y al norte de Gotham, hubo una pequeña región deshabitada. O eso se creía...


En 1953 se recibió una llamada telefónica en la comisaría más cercana que decía: “Perdonen si cuando llegan no me levanto”.


Tras investigaciones y diversos análisis de identificación y situación geográfica de la llamada, se descubrió que un hombre había estado viviendo, desde 1928 hasta el día de su muerte, en un lugar desconocido para la humanidad. Nadie podía creer algo así: Telefónica había descuidado una factura durante más de veinte años.


Cuando varios agentes se adentraron en aquella guarida, encontraron flotando en el aire el segundo movimiento de la sinfonía Júpiter. El negativo de la fotografía de la que Picasso copió El Guernica. Un original del David anterior a la reducción de pene ordenada por la Iglesia. Un pequeño teatro subterráneo donde una bailarina representaba, gratuitamente, El lago de los cisnes con una regularidad de tres funciones diarias -menos el lunes, que lo hacía sin cobrar-. Diez folios con un “Don Quijote” escrito en la portada y al lado, una nota que decía: “¿Qué te ha parecido? ¿Te ha gustado? Creo que debería hacerlo más largo”. La maqueta construida por William van Alen del Chrysler Building a tamaño natural, y una videoteca. Estaba vacía. Sólo contenía una lata de celuloide de unas pocas pulgadas de diámetro. En la parte superior se podía leer a duras penas, LUCES DE LA CIUDAD.


Tras varios juicios, Telefónica se quedó con todo por impago.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Piso 3

En 1975, Allen Stewart Konisberg, tenía en mente hacer su próxima película: “Tratado sobre el slapstick: no es cosa de risa”. Si todo iba bien, rodaría “Rabi-si”, biografía de un rabino que dedicó su vida a luchar contra las rinoplastias a nivel mundial. Mientras escribía el tratamiento del siguiente guión (se cree que el título era algo similar a “La paradoja del sexo oral”), tuvo una aparición divina. Nada de ángeles, nada de vírgenes, nada de santos... El mismo Dios llamó a su puerta. El señor Stewart, defraudado por comprobar que, efectivamente, nada de vírgenes, escuchó atentamente:

- Allen Stewart -dijo Dios con una voz grave de ultratumba, y con tanto reverb como toda la discografía editada en los 80 concentrada en una habitación con eco-, tengo una misión muy importante para ti.
- Escucho atentamente, Señor.
- Dentro de unos años la Tierra estallará.
- Pero si Nixon acaba de dimitir.
- El hombre acabará con el hombre. La tristeza y la falta de esperanza serán las enfermedades definitivas.
- Siempre supe que el fin del mundo tendría algo que ver con los vendedores de seguros.
- Tú debes poner remedio a ese mal antes de que ocurra. Hacer algo que ayude al mundo a ver -seguía con la voz de La Movida- que hay esperanza. Que todo vale la pena.
- ¿Pero por qué yo, Señor? ¿Por qué un judío?
- ¡He dicho!

Dios se esfumó. Allen quedó en silencio, pensativo. Tenía que escribir una película genial. Perfecta. Definitiva.
Dos años después se estrenó ANNIE HALL. Y de momento nada estalla.








NOTA: Fuentes fiables (entre ellas está el historiador, y otras muchas cosas, Marcelo Rupérez) contrastaron que tan asustado estaba de no haberlo conseguido, que luego rodó INTERIORES. Y luego MANHATTAN. Y finalmente, a partir de ese momento, decidió estrenar una película al año. Todo por si acaso...